Viernes, 15 May 2020 19:20

EL  TRABAJO  DOCENTE  EN TIEMPOS  DE CUARENTENA

Llevamos más de cincuenta días en aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO). Lxs trabajadorxs docentes e investigadores de la Universidad Nacional de La Plata asumimos el compromiso de sostener el vínculo pedagógico en estas condiciones excepcionales y complejas. Lo hacemos porque sabemos que la educación es un bien público y un derecho humano, y que su suspensión afecta a lxs estudiantes y sus familias; porque hacemos valer el significado de democratizar el derecho a la educación, y sabemos la importancia de nuestra tarea de cara al conjunto de la sociedad. También porque defendemos nuestro puesto de trabajo y somos parte de proyectos institucionales y políticos. La educación pública, gratuita, laica y de calidad, encuentra en el cuerpo docente y nodocente de nuestra Universidad la fuerza de trabajo que empuja su desarrollo. La llegada de una pandemia a nuestro país puso de manifiesto una vez más, como en otras situaciones adversas, el papel fundamental de la clase trabajadora, el Estado y la política como eje organizador de lo social.

En este contexto, es necesario contar lo que es invisibilizado en el debate público respecto a las implicancias de la transformación de nuestro trabajo en estas excepcionales circunstancias. Las tareas ahora se desarrollan desde nuestras casas, en la mayoría de los casos compartiendo el tiempo-espacio, los dispositivos tecnológicos y la conectividad con nuestrxs hijxs, parejas, padres, madres y/o compañerxs. Esto significa al mismo tiempo una sobrecarga de ocupaciones al compatibilizar las tareas docentes con las de cuidado, con las domésticas, las de entretenimiento y la del o los trabajos complementarios (recordemos que la docencia suele ser uno de los empleos entre otros en varias profesiones, o el hecho de estar a cargo de varios cursos o materias para conformar un ingreso familiar). La separación espacio-temporal de la casa y el trabajo constituía la normalidad para la mayoría. Hoy no sólo planificamos y llevamos adelante las clases virtuales, sino que a la par nos formamos aceleradamente en el uso y los problemas de la educación a distancia y sus mediaciones. Lxs docentes estamos poniendo a disposición las herramientas tecnológicas personales y las conexiones domiciliarias de internet, también reorganizamos nuestras viviendas para armar espacios laborales adecuados para la tarea docente, solventando de esta manera el equipamiento y la conectividad, cuestiones que en muchos casos implicaron nuevos gastos para lxs trabajadorxs. Todo esto en medio de la misma expectativa, incertidumbre y angustia por el futuro que el resto de la humanidad.

Nuestra Universidad es importante en número de estudiantes, nodocentes y docentes, con diversidad de niveles y disciplinas de formación, atravesada por una gran heterogeneidad en las culturas institucionales y profesionales; con una variedad de dependencias que incluyen desde campo de deporte y producción, hasta maternal, inicial, primario, secundario y universitario en grado y posgrado; y con una desigualdad de posibilidades de acción entre materias de primer año, materias masivas y otras de años superiores o carreras con mayor o menor número de estudiantes. Otra disimilitud la suman las estrategias pedagógicas entre disciplinas o materias que requieren más que otras la presencialidad y la práctica en campo, o en el cómo crear una virtualización en maternal o escuela primaria o secundaria con niñxs, adolescentes y jóvenes, y cómo hacerlo con jóvenes y adultos en las facultades. Frente a esta complejidad, las medidas a tomar también serán complejas y heterogéneas, situadas en cada contexto pero todas respetando los derechos de lxs trabajadorxs.

No hay fecha cierta de regreso al aula, al laboratorio, a la salita, al patio. Ya no son unas semanas o un par de meses, el difícil control de la propagación de la pandemia, extiende de manera indefinida las medidas de aislamiento y más aún la vuelta de clases presenciales. Por ello, es necesario construir y sostener acuerdos para el tiempo que nos toca. Las condiciones de trabajo han cambiado, lxs compañerxs van relatando posibilidades, esfuerzos con logros, y también malestares en esta nueva etapa. La virtualización intempestiva y generalizada de las prácticas educativas agravó problemas históricos, y produjo nuevas situaciones. Las desigualdades previas se acrecentaron o se hicieron visibles para quienes no las veían. La cuarentena obligó a repensar de manera vertiginosa estrategias pedagógicas, formas de evaluación y acreditación que habían sido diseñadas para contextos presenciales. Además, esto supuso un nuevo contrato didáctico entre estudiantes y docentes, que se encontraron atrapados en imprevistas condiciones surgidas de las nuevas modalidades, debemos entonces poder reflexionar sobre estas nuevas circunstancias para sostener las posibilidades de inclusión, permanencia y egreso.

El gobierno nacional actuó con prudente firmeza frente a la pandemia, organizando el ASPO en un contexto de Emergencia Sanitaria de escala mundial y dando respuestas a diversas cuestiones sociales y reclamos sectoriales. La ciudadanía ha sido responsable y nos sentimos cuidadxs. Es tiempo de escucharnos y hacerse escuchar. No es lo mismo que antes pero desde casa, siempre es complejo enseñar y aprender, mucho más en este contexto. Como decíamos al inicio, estamos comprometidos. Somos parte de la batalla al virus, nos aislamos preventivamente y seguimos trabajando y siendo un nosotrxs que suma, aporta y construye la Universidad Pública. Trabajamos sin claudicar nuestros derechos laborales, solidarizadxs con el conjunto de la población, y en particular con los más vulneradxs. Desde nuestra tarea sindical promovemos la garantía de condiciones y medio ambiente de trabajo dignas para lxs trabajadorxs docentes, y que aún en estos tiempos de excepcionalidad, deben estar reguladas y consensuadas en los espacios legítimos de negociación laboral, como son las paritarias como espacios plurales y democráticos, para llegar a consensos entre las distintas partes. Cuidando a lxs docentes cuidamos a lxs estudiantes y a nuestra Universidad.

Urge el reclamo ante las autoridades de todos los niveles (Ministerio, Universidad y dependencias) a que atiendan y provean las herramientas docentes necesarias para llevar adelante nuestra labor en este contexto, garantizando el acceso a equipamiento, formación, conexión y plataformas informáticas. En este sentido, nos interesa remarcar que nuestro rol docente también pudiera verse atravesado por problemáticas domésticas, familiares o profesionales, tanto como a nuestrxs estudiantes. Por lo tanto solicitamos en el marco del ASPO se contemplen las problemáticas antes expuestas con el propósito de evitar las sobre exigencias, y garantizar la continuidad laboral de lxs trabajadorxs (cualquiera sea su modalidad contractual) mientras tanto se prolongue el ASPO y finalizado éste se transite hacia “una vuelta a la presencialidad”. Si somos parte de la solución de la continuidad educativa reclamamos también ser parte de las toma de decisiones, necesitamos que se esté a la altura de la circunstancias mediante financiamiento y organización de lo que se viene. Porque sabemos que no hay salidas individuales, la solución es colectiva.